martes, 1 de mayo de 2018

Soneto a María Luisa

Y llegó abril sin ningún argumento
a robarnos tu aliento de azucena,
sumiendo a mi padrino en honda pena
truncando la alegría en vil lamento.

No puedo concebir en que momento
conquistó la muerte tu alma serena,
prendada de tu efigie de sirena
cinceló un altar en el firmamento.

¡Amiga!, te has ido tan de repente
aún así, ya reside en mí el consuelo
de avistar tu estela resplandeciente

orientar nuestros pasos sobre el suelo.
Cual esplendorosa estrella de oriente
nos amparas ferviente… desde el cielo.


derechos de autor:
María del Carmen Tenllado Yuste

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