viernes, 25 de marzo de 2016

Soneto a la memoria de Antonio Machado.


Sembraste de poemas los caminos,
indelebles huellas que al avanzar
fecundaron de versos peregrinos,
sendas que no volverás a cruzar.

Otros descubrirán tus versos finos,
Ilusos creerán, que fue el azar…
quien los hizo llegar a sus destinos,
mas tu alma es libre cual flor de azahar.

Divina fragancia de Andalucía
que por montes y laderas se expande
rociando entre rimas:  sangre y linaje.

Machado, se pregunta el alma mía…
traspasado el umbral, ¿la dicha es grande?
A tu silencio, brindo mi homenaje.




sábado, 19 de marzo de 2016

Reflexionando sobre el miedo al amor:

En un mundo donde todo cambia, evoluciona y se transforma... es inevitable no sentir miedo frente a aquello que queremos mantener en estado puro.

Reflexiones

Valoro el silencio de quien no pregunta lo que ya sabe...

Desamor

Dejad que otorgue sepultura a este sentir... 
Sin una oración que lo redima,
ni flor alguna que le honre. 
En una fosa común... ¡Sin nombre!
Donde no osen acudir mis lágrimas...

Amor suicida

Tu amor suicida arremete contra mis mecanismos de defensa. Así una y otra vez, empotrándose en mi alma como una cuchillada que nos debilita. Al final de esta locura ninguno de los dos saldrá ileso. Yo me desangro mientras tú... sostienes en tus manos un arma de doble filo.

-----------------------------

SAFE CREATIVE

Identificador: 1512105987036

Fecha de registro: 10-dic-2015 19:45 UTC

Melodía desgarradora

Existe una melodía que me desgarra, tritura mi alma y yo... deseo asesinarla en versos. Es por ello, que cuando escribo voy renaciendo, al tiempo que agoniza el verbo entre mis manos.
---------------------
Código 1512266101333
Fecha 26-dic-2015 22:10 UTC
Licencia: All rights reserved
María del Carmen Tenllado

Cuervos...

Ay de las almas que se regocijan en las tempestades ajenas... no sospechan que la causa de su dicha, es sólo el reflejo de su carroña, aquella que otros habrán de despedazar...

Te esperare...

No quiero sufrir el dolor de aferrarme a tu mortalidad, esperaré mi eternidad para alcanzarte...

Si no existieras...


Y si acaso no existieras... 
aquí está mi pluma para engendrarte,
pues yo nací tan sólo para adorarte
y en cada trazo de mi rebeldía
habré de esculpir tus rarezas
para que se fundan con las mías...



Eternidad


Vine al mundo siendo portadora de una enfermedad mortal llamada vida. En el mismo vientre materno empecé a desarrollarla... Comenzó la cuenta atrás de un tiempo incierto pero certero. ¿Por qué habría de tener miedo? Si ya demostré mi valentía al tomar forma humana para morir día a día... Y en esa muerte que me aguarda, pongo yo, todo mi empeño, pues bien sé que habrá de guiar mi alma,  hacia el umbral de mis ancestros...

martes, 15 de marzo de 2016

Amante villano (Soneto alejandrino)



Confundís  amor con - el ardor sofocante
que la razón anula – y la insania propicia
en su afán de “don Juan”- querrá hallaros novicia
y al gustar la primicia - lo sentiréis distante…

Ansiáis la eternidad -  mas él, sólo es instante 
donde el hábil amante -  experto en la caricia             
ronda la débil carne - que tienta y avaricia
al jurar en su empeño   -    adoración constante

Se mostrará galante – si la renuncia es plena
al consumar la entrega – lo sabréis tirano
seréis rumor que corre – en sus labios livianos.

 Y así, de esa manera- purgaréis la condena
al notaros cautiva - de un corazón villano
concubina sin amo –cuchillada sin manos.


ACRÓSTICO A MI APELLIDO : TENLLADO

T rata de escribir “Tenllado”, sin errar en el intento
E s legado al que represento, pronúncialo como es debido.
N unca eches en el olvido la “ene” ¡estate atento!,                            
L a rama a la que pertenezco es “Tenllado” la verifico.
L ee detenidamente una y otra vez este manuscrito
A ver si al final del mismo por fin te vas enterando
D e que mi apellido es  “Tenllado” si gustas te lo repito

O rgullosa de ello me hallo, por tanto lo reivindico.

lunes, 14 de marzo de 2016

Palabras recicladas.




Sintió un enorme vacío en el alma... Aquellas palabras sólo eran palabras tejidas de poesía añeja, quizás recicladas en el tiempo para volver a ser reutilizadas en otro lugar y contexto...  Aquellos versos tenían el carmín de otros labios y nunca pudo hacerlos suyos. Su esencia de mujer lapidó todas las puertas, nunca más dejó entrar aquella melodía que sentía como un vestido de otra talla... Una talla que le quedaba muy pequeña...

Manantial amado

Tu densa lluvia…
empapa mi sexo desnudo
en plena tormenta orgásmica
¡Soy bendecida!,
por las tórridas aguas 
que fluyen de tu  virilidad.
Manantial amado que te filtras
entre las fecundas ranuras  
que calan mi costa bravía
inundado de blanca espuma
mi vientre de arena.
Voluntad incontenida
ante el gemido que se revela.

Lienzo de esperanza (Dueto Antonio García Pereyra y María del Carmen Tenllado Yuste)

"Observando uno de sus propios cuadros,
u mientras maldecía como un mezquino,
un pintor conjuró a la imagen  
lanzando blasfemias y baladros…
y llorando por su amargo sino. 
Allí, abatido de dolor y pena,
y aun sabiéndose que era un ateo,
buscó los ojos de aquella virgen,
y habló entre llantos y gimoteos.
He sufrido más que nadie.
He perdido todo cuanto tenía.
Ahora mi casa es la calle.
Y la única mujer que me mira…
eres tú, la de un cuadro que tengo delante.
Ay, qué no daría yo por saber…
qué ese eso tan hermoso
que algunos lo llaman Fe…


En ese preciso instante…
como queriendo acallar su lamento
un misterioso resplandor
brotó con fuerza del lienzo
cegando en el fugaz momento,
sus pupilas desafiantes
que de manera inquietante
como buitres al acecho
parecieran querer despedazar
la virtud del sagrado fresco.
Con infames argumentos
proclamaba su sentir tirano
maldiciendo la imagen doliente
que un día entre sus manos.
germinara floreciente.
Exhausto por la ira,
en la oscuridad más inmensa
arremetió contra el cuadro a ciegas
al tiempo que una dulce voz
con profundo amor le dijera:

—He de otorgarte el favor,
que suplicas con tanto empeño
para ello te habré de conceder
la virtud del sufrimiento
pues siendo tu mal tan pequeño
arremetes contra la felicidad
Maldices, reniegas y adoleces
Perturbando de tu entorno la paz.
Ahora que no puedes ver
Busca entre tus pinceles la calma
Solo la fe
Habrá de guiar tu alma
A esculpir aquello que no ves.


Viéndose ciego,
pero sorprendido ante aquella voz,
se encerró en el mutismo,
sintiéndose preso de su propio clamor,
e incapaz de hallar razones para tal castigo.
Como un perro apaleado,
y con ceguera en los ojos,
se enclaustró en un cuarto viejo
y echó los cerrojos.
Nadie lo vio lo vio salir en días.
Nadie sabía de su aflicción y su agonía.
Una de aquellas noches de desvelo,
buscó a tientas el retrato,
hincó sus rodillas en el suelo,
arañó la imagen como si fuera un gato
y gritó… clamando al cielo. 
-¿Por qué me has añublado la vista,
si era lo único que tenía?
¿Cómo voy a tener Fe
si ya no podré ver…
y la oscuridad es el sol de mis días?
¿Cómo podré pintar ahora?
¿Cómo tener Fe en algo que me condena a una vida sombría?


-¿Recuerdas cuando me decías
que todo lo habías perdido,
que ya nada te quedaba en la vida?,
sin ser consciente...
de cuantas riquezas tenías aún presentes.
Cual ciego eras entonces...
negándote a ver la gracia que poseías.
¿Acaso pude arrebatarte aquello de lo que carecías?
¿De qué te valieron tus ojos,
si ellos no te permitían ver más allá de tu enojo?
Si deseas vislumbrar el camino de la fe
abandona el miedo y sígueme...
No habrán de alejarme tus gritos y lamentos
pues el dolor más inmenso
ya lo hube padecido...
Todo cuanto es acontecido en el ministerio del señor
siempre tiene una poderosa razón
 preludio de una enseñanza
donde el alma espinosa avanza en su salvación.


Busca en tus tinieblas el resplandor
que propicia la tenue llama
la que con desesperación aclamas
y hallarás  la compasión
de esta imagen ensangrentada
por tus uñas desgarradas.


Apreciando aquellas palabras
y el poder lenitivo que nace de los silencios,
apretó los puños con garra…
sin saber si era la Virgen quien le hablaba
o la voz de su propia alma.
¿O quizás era todo lo mismo… y él no lo apreciaba?

A la mañana siguiente, con actitud demudada,
decidió coger la paleta, empuñar el pincel…
y plasmar alguna imagen de las que recordaba.
¡Sus manos temblaban como si fueran de papel!
Lágrimas y colores se mezclaron en aquel lienzo;
Suspiros y sudores expelían de su cuerpo;
Y aunque sus ojos no podía ver…
pintó la beldad más bella envuelta en colores de vergel.


Al terminar, lanzó un suspiro  y una risa.
No sabía lo que había pintado,
pero sintió una punzada de amor en el pecho,
y una brisa erizó su piel… cuando se acostó sobre su lecho.
Se santiguó mirando al techo,
y por primera vez empezaba a entender eso que llamaban Fe.
—No tengo ojos para pintar,
pero hoy me sentido bendecido,
porque he podido vislumbrar
una visión que nunca antes había tenido.
Ahora maldigo mi sino,
pero no por estar ciego…
sino por lo ciego hasta ahora he sido.
¡Antes buscaba la belleza en lo material,
Pero hoy me he dado cuenta…
que lo esencial nace en nuestro interior…
y allí crece y se alimenta como el más puro manantial!


La Virgen amparaba en su ternura                                    
el alma de aquel pintor que arrepentido
retornaba a la inocencia entre risas y suspiros
tras haber al fin comprendido…
que la mayor de las riquezas
es tan sólo consecuencia de ser agradecido.

Y como fiel testigo de todo lo aquí relatado
Se halla cual prueba evidente
la imagen que entre sus  trémulas manos
esculpiera de sí mismo, siendo invidente.
En el lienzo se apreciaban sus ojos de luz carentes,
y el ardor de una llama que en su pecho resplandecía
entregándose a un nuevo día con la pasión de una rosa
que aún coronada de espinas…
Sabe que es hermosa al sentirse bendecida
con cada rayito de vida que en sus hojas se posa.

El sendero de la fe es camino tortuoso
para quien pretende hallar sólo gozo, al aventurarse en el.
El discípulo aplicado adormece sus sentidos
para no ser confundido, distraído o engañado.
La fe nos permite adivinar…
aquello que en la adversidad parece que se nos niega
el alma con fuerza libera...venciendo la oscuridad
de su más profunda ceguera.

Si en este mundo terrenal pretendes hallar la calma
cierra tus ojos con fe y abre el alma.

DIALOGO EN EL MAR (Dueto Antonio García Pereyra y María del Carmen Tenllado Yuste)

 (Dueto Antonio García Pereyra y María del Carmen Tenllado Yuste)


—Un barco es mi compañero,
mi olor es de marisco y sal,
y a una madre me encomiendo
cuando me aventuro en las aguas del mar.

¡Señora!
Madre de mi consuelo,
Capitana de mi vida…
Y Virgen del Carmelo,
apacienta estas olas,
y lánzame un beso desde el cielo.


—A ti, hijo mío,
que me invocas cada mañana
con tus rezos salinos, nacidos del alma…
¡Nada Temas!
¡Navega en calma!
Que mi regazo sustenta
cada una de tus plegarias,
pues es la mar mi otro cielo
donde Dios dispuso mi barca
para guiar tu sendero
en la rebeldía de las aguas.


—Ay, madre buena y querida,
¡Excelsa Virgen de aquel monte!
Te busco con mirada perdida…
mientras navego en el horizonte.

Sea tu barca mi barca,
sea tu cielo también mi mar,
sea tu mar… mi suelo,
sean tus ojos la luz de mi faro,
porque a tu misericordia apelo…
y a ti encomiendo mi amparo.

—Surca el océano confiado.
Siente mi mano arropar tu figura.
Envuelta en un halo tu barca patrulla
hacia la costa segura donde tu fe te ha guiado.

Centinela soy, escapulario de tu vida.
Amparo que ha de llevarte salvo a la orilla
Ruego alzado ante las inclemencias del temporal
Madre incondicional, pues eres hijo amado
En mi pecho anclado entre nardos y azucenas
navegan sin descanso tus alegrías y penas.


—Madre fiel y virginal,
caudal de vida inagotable,
ni la grandeza de los cinco océanos…
con tu amor sería comparable.
En mi alma llevo tatuado tu rostro femenino,
-timonel que guía mi mástil y mis redes-
y en la proa de mi barca llevo prendido
los más excelsos haberes:
tu bendito escapulario,
tu nombre divino
y un ancla que se aferra
al suelo de tu altar marino.

—¡Madre soy! Para velar tu vida
a tu barca asida con vehemencia
ante el fervor de tu fe complacida
pues a Dios hallo en tu resistencia.

Virgen del Carmen fui coronada,
Capitana de los navíos,
tengo poder para amansar las aguas;
poder que el cielo me ha concedido.
En alta mar mi altar se alza
con cada uno de los ruegos
que las poderosas olas me avanzan
hasta hacerte llegar el sosiego
sosiego que tu alma clama.

—Ya has divisado la orilla,
y en ella tu familia aguarda.
Tras largos días de incertidumbre,
hoy resplandecen sus caras.
Vuelvo al mar, que es mi cielo;
cielo que siempre te habrá de guardar.
Aun siendo mi altar marinero
no habrá de diferenciar
los ruegos en tierra firme
de aquéllos en alta mar.
porque todos tienen un solo empeño,
Y es… hacia Dios llegar.
¡Desde la cima más alta
hasta el piélago más inmenso,
estará mi sentir de madre

amparando tu Universo! 

CANINO A LA CRUZ (Dueto Antonio García Pereyra y María del Carmen Tenllado Yuste)


Una cruz sobre mis hombros,
una estera de sangre tras mis andares,
cientos de ojos claman con asombro,
y una mujer… solloza entre pesares.
-No lloréis, madre.
No lloréis, madre querida,
porque vuestras lágrimas me escuecen
más que el dolor de mis heridas.
-No lloréis, madre.
No sufráis al ver la cruz que llevo encima,
porque en la cima de ese monte
me reuniré con el padre
y expiaré los pecados de todo hombre.

Condenado ante mis ojos,
¿cómo apaciguar mi llanto
si observo con espanto
la ingratitud de un pueblo
al que estáis libertando?
¡No sufráis, hijo, ante mi quebranto!
¡Apartad vuestra mirada compasiva!
Si es amor lo que nos da la vida…
¡Decidme… Hijo mío!
¿Por qué el amor duele tanto?


Mis pasos son vagarosos,
las espinas se clavan hasta mi inconsciencia,
pero ahí está mi madre,  la más bella flor…
que me observa con clemencia
con ojos rebosantes de amor.
-¡Oh, madre buena y querida!
¡Mujer entre las mujeres!
¡Sarmiento que me dio la vida!
No sufráis por mi condena,
pues no siento pena,
sino compasión por este mundo.
¿Acaso no es ese dolor… el amor más profundo?
-No me miréis con pesares…
Erguid los ojos, majestuosa,
pues la sangre que dejo tras mis andares,
son pétalos de rosas
para que vos, mujer hermosa,
caminéis por una alfombra de flores.

Alfombra tejida en la virtud y obediencia,
hila vuestra sangre divina
el tapiz que mi vida sustenta.
¡Heraldo de la esperanza mía!
Misterio nacido en mi vientre,
mi amorosa simiente,
os escoltan mis ojos vidriosos
reverenciando la estela purpurina
que deja el avance fervoroso
que a vuestros pies encamina.

De camino al monte Calvario,
tres veces me he caído
y tres veces me he levantado,
para buscar como un exacerbado
esos soles que relumbran
en el rostro de la mujer que va  a mi lado.

 Lento es mi andar más seguro,
pues la fuerza que me guía
no proviene de mis pies ya cansados;
son vuestras constantes caídas.
¡Cómo quisiera poder levantaros
y sanar a besos vuestras heridas!

¡Madre! ¡Pedestal ante el que me inclino!
¡Imagen que rezuma en mis mientes!
Lo primero que haré cuando a los cielos entre
será darle gracias al Padre
por haberme escogido para nacer en vuestro vientre.

 Cuando lleguéis a las puertas del cielo,
amado hijo, os ruego pidáis a Dios
que otorgue a mi corazón consuelo
y a mi rebeldía perdón,
pues no hallo en mi pecho compasión
hacia un pueblo tan traicionero.

No hay espinas, no hay dolores,
no hay quejidos ni temores…
Si estáis a mi lado, todo es alegría,
hasta vuestro llanto parece melodía,
que me da aliento para afrontar el clímax de mi agonía.




No hallo aliento, razones ni clemencia
ante una pasión tan desmedida,
mas si es vuestra voluntad que así se escriba,
frente a un mundo que condena la inocencia…
¡Tan sólo… acompañaros me resta!


¡Soldado! ¡Soldado!
¡Golpeadme hasta el hartazgo!
¡Hasta partirme el espinazo!
Pero os suplico que avancéis más despacio,
para que mi madre, mi pobre madre,
no tenga que correr tras mis pasos.

Dejad que avancen prestos en su camino,
que si he de acelerar el paso, lo acelero.
Si no han de tener clemencia, antes quiero
que se cumpla sin demora lo requerido
y sean mis ojos conmovidos testigos
de vuestra alma conquistando el cielo.

Mi fin ya ha llegado,
clavos tengo en mis pies y mis manos,
¡Pero perdónalos, Padre Amado!
¡Perdona su burla y escarnio!
Porque mi amor es tan grande
que siempre habrá un perdón para cualquier pecado.
-¡Y a ti, madre!
Aunque mis párpados se cierren,
no dejéis de mirarme
pues vuestros ojos me acunan
mientras me elevo a los celajes celestiales.

 Asciende el alma en divina templanza,
mientras que yo… madre doliente,
libero las espinas de vuestra frente;
espinas que mi corazón ensartan
mas sabiendo que el dolor ya no os alcanza…
asida a vuestro cuerpo encarnecido
os miro… y la propia vida despido.


¡Madre!
Ahora que he muerto,
siento el alma más viva que nunca…
y aunque no podáis oírme
¡Gritaré hasta la hartura…
que lo más grande es una madre…
y como vos… no hay ninguna!

 Gritad, que el universo se estremezca,
que aquéllos que os clavaron sus lanzas
sientan temblar ahora sus suelas…
Gritad con todas vuestras fuerzas
que no ha sido abatido el hijo de Dios
y entre nosotros aún palpita su fortaleza.

El padre ha perdonado.
ha escuchado mis ruegos…
y que sepáis que aquí hay un hijo
que reza por vuestro consuelo
y aguarda con los brazos abiertos
el momento en que ocupéis el mejor sitio en los cielos.