"Observando
uno de sus propios cuadros,
u mientras
maldecía como un mezquino,
un pintor
conjuró a la imagen
lanzando
blasfemias y baladros…
y llorando
por su amargo sino.
Allí,
abatido de dolor y pena,
y aun
sabiéndose que era un ateo,
buscó los
ojos de aquella virgen,
y habló
entre llantos y gimoteos.
—He sufrido más que nadie.
He perdido todo cuanto tenía.
Ahora mi casa es la calle.
Y la única mujer que me mira…
eres tú, la de un cuadro que tengo
delante.
Ay, qué no daría yo por saber…
qué ese eso tan hermoso
que algunos lo llaman Fe…
En ese preciso instante…
como queriendo acallar su
lamento
un misterioso resplandor
brotó con fuerza del
lienzo
cegando en el fugaz
momento,
sus pupilas desafiantes
que de manera inquietante
como buitres al acecho
parecieran querer
despedazar
la virtud del sagrado
fresco.
Con infames argumentos
proclamaba su sentir
tirano
maldiciendo la imagen
doliente
que un día entre sus
manos.
germinara floreciente.
Exhausto por la ira,
en la oscuridad más inmensa
arremetió contra el
cuadro a ciegas
al tiempo que una dulce
voz
con profundo amor le
dijera:
—He de otorgarte el
favor,
que suplicas con tanto
empeño
para ello te habré de
conceder
la virtud del sufrimiento
pues siendo tu mal tan
pequeño
arremetes contra la
felicidad
Maldices, reniegas y
adoleces
Perturbando de tu entorno
la paz.
Ahora que no puedes ver
Busca entre tus pinceles
la calma
Solo la fe
Habrá de guiar tu alma
A esculpir aquello que no
ves.
Viéndose
ciego,
pero
sorprendido ante aquella voz,
se encerró
en el mutismo,
sintiéndose
preso de su propio clamor,
e incapaz
de hallar razones para tal castigo.
Como un
perro apaleado,
y con
ceguera en los ojos,
se
enclaustró en un cuarto viejo
y echó los
cerrojos.
Nadie lo
vio lo vio salir en días.
Nadie sabía
de su aflicción y su agonía.
Una de
aquellas noches de desvelo,
buscó a
tientas el retrato,
hincó sus
rodillas en el suelo,
arañó la
imagen como si fuera un gato
y gritó…
clamando al cielo.
-¿Por qué
me has añublado la vista,
si era lo
único que tenía?
¿Cómo voy a
tener Fe
si ya no
podré ver…
y la
oscuridad es el sol de mis días?
¿Cómo podré
pintar ahora?
¿Cómo tener
Fe en algo que me condena a una vida sombría?
-¿Recuerdas cuando me
decías
que todo lo habías
perdido,
que ya nada te quedaba en
la vida?,
sin ser consciente...
de cuantas riquezas
tenías aún presentes.
Cual ciego eras
entonces...
negándote a ver la gracia
que poseías.
¿Acaso pude arrebatarte
aquello de lo que carecías?
¿De qué te valieron tus
ojos,
si ellos no te permitían
ver más allá de tu enojo?
Si deseas vislumbrar el
camino de la fe
abandona el miedo y sígueme...
No habrán de alejarme tus
gritos y lamentos
pues el dolor más inmenso
ya lo hube padecido...
Todo cuanto es acontecido
en el ministerio del señor
siempre tiene una poderosa
razón
preludio de una enseñanza
donde el alma espinosa avanza
en su salvación.
Busca en tus tinieblas el
resplandor
que propicia la tenue
llama
la que con desesperación
aclamas
y hallarás la compasión
de esta imagen
ensangrentada
por tus uñas desgarradas.
Apreciando aquellas palabras
y el poder lenitivo que nace de
los silencios,
apretó los puños con garra…
sin saber si era la Virgen quien
le hablaba
o la voz de su propia alma.
¿O quizás era todo lo mismo… y
él no lo apreciaba?
A la mañana siguiente, con
actitud demudada,
decidió coger la paleta, empuñar
el pincel…
y plasmar alguna imagen de las
que recordaba.
¡Sus manos temblaban como si fueran
de papel!
Lágrimas y colores se mezclaron
en aquel lienzo;
Suspiros y sudores expelían de
su cuerpo;
Y aunque sus ojos no podía ver…
pintó la beldad más bella
envuelta en colores de vergel.
Al terminar, lanzó un
suspiro y una risa.
No sabía lo que había pintado,
pero sintió una punzada de amor
en el pecho,
y una brisa erizó su piel…
cuando se acostó sobre su lecho.
Se santiguó mirando al techo,
y por primera vez empezaba a
entender eso que llamaban Fe.
—No tengo ojos para pintar,
pero hoy me sentido bendecido,
porque he podido vislumbrar
una visión que nunca antes había
tenido.
Ahora maldigo mi sino,
pero no por estar ciego…
sino por lo ciego hasta ahora he
sido.
¡Antes buscaba la belleza en lo
material,
Pero hoy me he dado cuenta…
que lo esencial nace en nuestro
interior…
y allí crece y se alimenta como
el más puro manantial!
La Virgen amparaba en su ternura
el alma de aquel pintor que arrepentido
retornaba a la inocencia entre risas y suspiros
tras haber al fin comprendido…
que la mayor de las riquezas
es tan sólo consecuencia de ser agradecido.
Y como fiel testigo de todo lo aquí relatado
Se halla cual prueba evidente
la imagen que entre sus
trémulas manos
esculpiera de sí mismo, siendo invidente.
En el lienzo se apreciaban sus ojos de luz carentes,
y el ardor de una llama que en su pecho resplandecía
entregándose a un nuevo día con la pasión de una rosa
que aún coronada de espinas…
Sabe que es hermosa al sentirse bendecida
con cada rayito de vida que en sus hojas se posa.
El sendero de la fe es camino tortuoso
para quien pretende hallar sólo gozo, al aventurarse en
el.
El discípulo aplicado adormece sus sentidos
para no ser confundido, distraído o engañado.
La fe nos permite adivinar…
aquello que en la adversidad parece que se nos niega
el alma con fuerza libera...venciendo la oscuridad
de su más profunda ceguera.
Si en este mundo terrenal pretendes hallar la calma
cierra tus ojos con fe y abre el alma.