Me perdí, porfiando transitar un camino equivocado
un callejón sin salida que no llevaba a ningún lado…
Aún así, me empeñaba en quebrantar los muros
golpeándome una y otra vez contra tu espalda.
Llegué a avariciarla tanto… que apelaba a su derecho de existir,
Mientras yo… iba sucumbiendo por amar así.
Pues ya desde la cuna confundí, del hombre su versión;
un padre nunca presente, fue del amor mi visión.
Aprendí a asumir ausencias dejando a mi ingenuidad
deformar la realidad sobre el rol de la pareja.
Con el tiempo he comprendido, que los muros no se franquean
que las espaldas soportan grandes cargas
si es el amor quien la sustenta.
Que los callejones sin salida… terminan por acorralarte.
Que si no te aman… permanecer no es negociable.
Hoy recogí mi dignidad aporreada y… en un acto de fe
le otorgue nuevas alas…
Hoy sé que el amor no tiene sexo, condición, ni credo…
solo la obligación de no permanecer donde mutilen su vuelo.
Derechos de autor: María del Carmen Tenllado Yuste

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