martes, 5 de enero de 2016

Mondeño de alma blanca


Negro como el carbón son los ojos de mi amante,
negro ondea su cabello sobre sombríos ropajes,
la belleza de mi hombre la tiñe el velo constante
del duro trabajo y escaso sueldo, de días interminables.

Ya es parte de la montaña en donde nutre su carne,
con la madera extirpada para saciar el hambre.
¡Hambre!, de grandes hoyas que engullen los parajes
donde el carbón se forja: con sudor, fatiga y sangre.

Rasgadas lleva sus ropas por la maleza del camino,
silbando va alguna copla que distraiga su destino.
Montesino de botas rotas, frío, soledad y desvelos
Jornalero sin rendición, en lo malo y en lo bueno.

Mondeño de alma blanca bajo la espesura del hollín
queda sepultada tu fina estampa y tez de serafín.
Nadie conoce tu señorío envuelto en halos de betún,
camuflada queda tu hermosura que no conoce la luz.
                  
Son sus espaldas pilares donde firme lleva la carga,
en sacos van los pesares que su boca no delata.
Hombre de piel curtida y de largas caminatas
das gracias al cielo… Por llevar el pan a casa.

Y es que le quiero tanto, y es que tanto le quiero,
que son infinitas las noches sin el manto de su cuerpo,
carbonero de mis amores, umbral de mi esperanza,
duerme junto a mi soledad, abrázala y descansa...

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