Se alejó en la espesura de su destino, en el lodo que atragantaba cada
una de las esperanzas que se quebraban antes de ver la luz... Aquella
despiadada garganta que engullía sus vísceras, parecía no encontrar consuelo al
triturar su alma... ¿Alma?, sí... aquella que un día engendrara su diminuto
cuerpo al abandonar la caverna segura del oráculo materno. Cómo si una
maldición hubiere sido concebida en el mismo instante de su coronación
crepuscular. El abismo se enredó en sus
tobillos estrangulando el batir de sus alas...
Si encuentras en la noche su blanca silueta, no intentes mirarla...
¡Huye sin demora...! Que no te alcance su mirada tentadora...
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