lunes, 14 de marzo de 2016

Muerte anunciada (Dedicado a la memoria de Federico García Lorca)

¿Dónde guardas Granada,
la fosa callada del hijo pródigo?,
que volvió para ser testimonio
de una muerte anunciada.
¡Ay, bendita tierra!
Que nacer lo viera un día
¿Dónde albergas la maravilla
del tesoro que te engendra?
Rastrearon noche y día
y no asomó ninguna huella
que pudiera dar testimonio
de su preciada osamenta.
¿Granada, dónde se halla…
la verdad de Federico?

A quienes quieran saber
donde encontrar a Federico,
les habré de responder:

No le busquéis entre los muertos
porque Dios lo quiso vivo,
removiendo la zanja de nuevo
donde yacía dormido,
envió un cortejo de ángeles
para llevarlo consigo.
Abrí mis carnes al cielo
al cielo que lo pedía,
pues era tal su insistencia
que negarme no podía.
Y aunque mil veces le advertí
del trágico final que ya intuía,
en mi vana desesperación
alzando mi voz le decía:

Huye Federico… ¡Huye!
La muerte ya ronda tus pasos
pude ver su famélica figura
codiciar tu piel desnuda
en la penumbra de tu cuarto.
Ella ansia deslizar sus labios
en el ardor de tu tez morena,
¡No la escuches!
La muy perra es zalamera
y habrá de comerte la boca
cual si fuera una ramera,
languideciendo tus pupilas,
ya encontrará la manera
de acorralarte entre sus fauces
hasta hacerte engullir la tierra.
Y volverás a mis entrañas
las que un día te parieran,
sin una gota de sangre
de aquella que yo te diera…

A quienes quieran saber
donde se halla Federico…
Entre el lagrimal de una madre
y los brazos de un Dios compasivo.



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