lunes, 14 de marzo de 2016

Lienzo de esperanza (Dueto Antonio García Pereyra y María del Carmen Tenllado Yuste)

"Observando uno de sus propios cuadros,
u mientras maldecía como un mezquino,
un pintor conjuró a la imagen  
lanzando blasfemias y baladros…
y llorando por su amargo sino. 
Allí, abatido de dolor y pena,
y aun sabiéndose que era un ateo,
buscó los ojos de aquella virgen,
y habló entre llantos y gimoteos.
He sufrido más que nadie.
He perdido todo cuanto tenía.
Ahora mi casa es la calle.
Y la única mujer que me mira…
eres tú, la de un cuadro que tengo delante.
Ay, qué no daría yo por saber…
qué ese eso tan hermoso
que algunos lo llaman Fe…


En ese preciso instante…
como queriendo acallar su lamento
un misterioso resplandor
brotó con fuerza del lienzo
cegando en el fugaz momento,
sus pupilas desafiantes
que de manera inquietante
como buitres al acecho
parecieran querer despedazar
la virtud del sagrado fresco.
Con infames argumentos
proclamaba su sentir tirano
maldiciendo la imagen doliente
que un día entre sus manos.
germinara floreciente.
Exhausto por la ira,
en la oscuridad más inmensa
arremetió contra el cuadro a ciegas
al tiempo que una dulce voz
con profundo amor le dijera:

—He de otorgarte el favor,
que suplicas con tanto empeño
para ello te habré de conceder
la virtud del sufrimiento
pues siendo tu mal tan pequeño
arremetes contra la felicidad
Maldices, reniegas y adoleces
Perturbando de tu entorno la paz.
Ahora que no puedes ver
Busca entre tus pinceles la calma
Solo la fe
Habrá de guiar tu alma
A esculpir aquello que no ves.


Viéndose ciego,
pero sorprendido ante aquella voz,
se encerró en el mutismo,
sintiéndose preso de su propio clamor,
e incapaz de hallar razones para tal castigo.
Como un perro apaleado,
y con ceguera en los ojos,
se enclaustró en un cuarto viejo
y echó los cerrojos.
Nadie lo vio lo vio salir en días.
Nadie sabía de su aflicción y su agonía.
Una de aquellas noches de desvelo,
buscó a tientas el retrato,
hincó sus rodillas en el suelo,
arañó la imagen como si fuera un gato
y gritó… clamando al cielo. 
-¿Por qué me has añublado la vista,
si era lo único que tenía?
¿Cómo voy a tener Fe
si ya no podré ver…
y la oscuridad es el sol de mis días?
¿Cómo podré pintar ahora?
¿Cómo tener Fe en algo que me condena a una vida sombría?


-¿Recuerdas cuando me decías
que todo lo habías perdido,
que ya nada te quedaba en la vida?,
sin ser consciente...
de cuantas riquezas tenías aún presentes.
Cual ciego eras entonces...
negándote a ver la gracia que poseías.
¿Acaso pude arrebatarte aquello de lo que carecías?
¿De qué te valieron tus ojos,
si ellos no te permitían ver más allá de tu enojo?
Si deseas vislumbrar el camino de la fe
abandona el miedo y sígueme...
No habrán de alejarme tus gritos y lamentos
pues el dolor más inmenso
ya lo hube padecido...
Todo cuanto es acontecido en el ministerio del señor
siempre tiene una poderosa razón
 preludio de una enseñanza
donde el alma espinosa avanza en su salvación.


Busca en tus tinieblas el resplandor
que propicia la tenue llama
la que con desesperación aclamas
y hallarás  la compasión
de esta imagen ensangrentada
por tus uñas desgarradas.


Apreciando aquellas palabras
y el poder lenitivo que nace de los silencios,
apretó los puños con garra…
sin saber si era la Virgen quien le hablaba
o la voz de su propia alma.
¿O quizás era todo lo mismo… y él no lo apreciaba?

A la mañana siguiente, con actitud demudada,
decidió coger la paleta, empuñar el pincel…
y plasmar alguna imagen de las que recordaba.
¡Sus manos temblaban como si fueran de papel!
Lágrimas y colores se mezclaron en aquel lienzo;
Suspiros y sudores expelían de su cuerpo;
Y aunque sus ojos no podía ver…
pintó la beldad más bella envuelta en colores de vergel.


Al terminar, lanzó un suspiro  y una risa.
No sabía lo que había pintado,
pero sintió una punzada de amor en el pecho,
y una brisa erizó su piel… cuando se acostó sobre su lecho.
Se santiguó mirando al techo,
y por primera vez empezaba a entender eso que llamaban Fe.
—No tengo ojos para pintar,
pero hoy me sentido bendecido,
porque he podido vislumbrar
una visión que nunca antes había tenido.
Ahora maldigo mi sino,
pero no por estar ciego…
sino por lo ciego hasta ahora he sido.
¡Antes buscaba la belleza en lo material,
Pero hoy me he dado cuenta…
que lo esencial nace en nuestro interior…
y allí crece y se alimenta como el más puro manantial!


La Virgen amparaba en su ternura                                    
el alma de aquel pintor que arrepentido
retornaba a la inocencia entre risas y suspiros
tras haber al fin comprendido…
que la mayor de las riquezas
es tan sólo consecuencia de ser agradecido.

Y como fiel testigo de todo lo aquí relatado
Se halla cual prueba evidente
la imagen que entre sus  trémulas manos
esculpiera de sí mismo, siendo invidente.
En el lienzo se apreciaban sus ojos de luz carentes,
y el ardor de una llama que en su pecho resplandecía
entregándose a un nuevo día con la pasión de una rosa
que aún coronada de espinas…
Sabe que es hermosa al sentirse bendecida
con cada rayito de vida que en sus hojas se posa.

El sendero de la fe es camino tortuoso
para quien pretende hallar sólo gozo, al aventurarse en el.
El discípulo aplicado adormece sus sentidos
para no ser confundido, distraído o engañado.
La fe nos permite adivinar…
aquello que en la adversidad parece que se nos niega
el alma con fuerza libera...venciendo la oscuridad
de su más profunda ceguera.

Si en este mundo terrenal pretendes hallar la calma
cierra tus ojos con fe y abre el alma.

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