lunes, 14 de marzo de 2016

DIALOGO EN EL MAR (Dueto Antonio García Pereyra y María del Carmen Tenllado Yuste)

 (Dueto Antonio García Pereyra y María del Carmen Tenllado Yuste)


—Un barco es mi compañero,
mi olor es de marisco y sal,
y a una madre me encomiendo
cuando me aventuro en las aguas del mar.

¡Señora!
Madre de mi consuelo,
Capitana de mi vida…
Y Virgen del Carmelo,
apacienta estas olas,
y lánzame un beso desde el cielo.


—A ti, hijo mío,
que me invocas cada mañana
con tus rezos salinos, nacidos del alma…
¡Nada Temas!
¡Navega en calma!
Que mi regazo sustenta
cada una de tus plegarias,
pues es la mar mi otro cielo
donde Dios dispuso mi barca
para guiar tu sendero
en la rebeldía de las aguas.


—Ay, madre buena y querida,
¡Excelsa Virgen de aquel monte!
Te busco con mirada perdida…
mientras navego en el horizonte.

Sea tu barca mi barca,
sea tu cielo también mi mar,
sea tu mar… mi suelo,
sean tus ojos la luz de mi faro,
porque a tu misericordia apelo…
y a ti encomiendo mi amparo.

—Surca el océano confiado.
Siente mi mano arropar tu figura.
Envuelta en un halo tu barca patrulla
hacia la costa segura donde tu fe te ha guiado.

Centinela soy, escapulario de tu vida.
Amparo que ha de llevarte salvo a la orilla
Ruego alzado ante las inclemencias del temporal
Madre incondicional, pues eres hijo amado
En mi pecho anclado entre nardos y azucenas
navegan sin descanso tus alegrías y penas.


—Madre fiel y virginal,
caudal de vida inagotable,
ni la grandeza de los cinco océanos…
con tu amor sería comparable.
En mi alma llevo tatuado tu rostro femenino,
-timonel que guía mi mástil y mis redes-
y en la proa de mi barca llevo prendido
los más excelsos haberes:
tu bendito escapulario,
tu nombre divino
y un ancla que se aferra
al suelo de tu altar marino.

—¡Madre soy! Para velar tu vida
a tu barca asida con vehemencia
ante el fervor de tu fe complacida
pues a Dios hallo en tu resistencia.

Virgen del Carmen fui coronada,
Capitana de los navíos,
tengo poder para amansar las aguas;
poder que el cielo me ha concedido.
En alta mar mi altar se alza
con cada uno de los ruegos
que las poderosas olas me avanzan
hasta hacerte llegar el sosiego
sosiego que tu alma clama.

—Ya has divisado la orilla,
y en ella tu familia aguarda.
Tras largos días de incertidumbre,
hoy resplandecen sus caras.
Vuelvo al mar, que es mi cielo;
cielo que siempre te habrá de guardar.
Aun siendo mi altar marinero
no habrá de diferenciar
los ruegos en tierra firme
de aquéllos en alta mar.
porque todos tienen un solo empeño,
Y es… hacia Dios llegar.
¡Desde la cima más alta
hasta el piélago más inmenso,
estará mi sentir de madre

amparando tu Universo! 

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